Era un domingo, y apenas había pasado el mediodía cuando abrí un ojo y pude descubrir que el sol iluminaba toda la casa menos mi cuarto que, con la puerta apenas entreabierta, un hilo de luz me permitía distinguir parte de la ropa que había llevado puesto la noche anterior; la cual yacía hecha nudos y garabatos deformes en el suelo, a los pies del placard.
Inmediatamente traté de recordar qué atuendo era, y mientras, mi vista se clavó en la puerta del ropero como una flecha. Podía recordar toda la ropa que allí dentro permanecía esperando a ser usada, y también el orden de la misma.
En el piso aún, los pobres pantalones ya se merecían un buen paso por el la-varropas, porque aunque yo no fume, el olor a cigarrillos del pub que había estado la noche anterior, se le impregnó como anilina caliente.
Había usado zapatillas y mi añorada campera de cuero, la mítica rockerita. Volví a mirar el placard y pude darme cuenta que en cada movimiento del fin de semana lo había estado usurpando para confeccionar el atuendo que iría de llevar puesto según el lugar al que iba. A saber: Viernes por la mañana, oficina y su traje-corbata-camisa. Por la tarde al salir del trabajo, ir volando para cambiarme e ir a la cancha su camiseta-buzo-campera-gorrito y bandera. Volver de la cancha y otra vez un cambiazo para dar una vuelta por ahí.
Sábado -casual- y por la noche, recital de rock y todo su atuendo.
Domingo, antes de vestirme de ultra deportista para salir a correr unos kilómetros por las plazas, fue cuando pude advertir de ese pequeño útero de estereotipos, un mini universo más en casa, al que llamamos placard, ropero, etc.
Hay que laburar, ya sea para mantener el placard, la heladera, la alacena y demás cosas que sostienen nuestro día a día. No siempre se puede de lo que se quiere, de aquello que uno Es (a veces sí). El alma tira para un lado y la realidad debe acomodarse a un esquema social un poco mas estructurado.
Laburar para vivir, por un lado, la pasión de lo que uno expresa ser, por otro, y en cada uno de ellos, un uniforme distinto que advierte a lo lejos un rol, una función, un sentimiento, una categoría, una tribu, un deporte, etc etc.
Bienaventurados aquellos que sí, viven de lo que les gusta y hacen de su medio de vida un grato paseo y disfrute, y en aguante a todos aquellos que por el momento la fuerza de mantener un sustento no les permite poder elegir... con ustedes, "Laburos y pasiones"...
Sábado -casual- y por la noche, recital de rock y todo su atuendo.
Domingo, antes de vestirme de ultra deportista para salir a correr unos kilómetros por las plazas, fue cuando pude advertir de ese pequeño útero de estereotipos, un mini universo más en casa, al que llamamos placard, ropero, etc.
Hay que laburar, ya sea para mantener el placard, la heladera, la alacena y demás cosas que sostienen nuestro día a día. No siempre se puede de lo que se quiere, de aquello que uno Es (a veces sí). El alma tira para un lado y la realidad debe acomodarse a un esquema social un poco mas estructurado.
Laburar para vivir, por un lado, la pasión de lo que uno expresa ser, por otro, y en cada uno de ellos, un uniforme distinto que advierte a lo lejos un rol, una función, un sentimiento, una categoría, una tribu, un deporte, etc etc.
Bienaventurados aquellos que sí, viven de lo que les gusta y hacen de su medio de vida un grato paseo y disfrute, y en aguante a todos aquellos que por el momento la fuerza de mantener un sustento no les permite poder elegir... con ustedes, "Laburos y pasiones"...






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